Descripción
Es una afección crónica que afecta la acción de la dopamina en el sistema nervioso central. Se da más frecuentemente en hombres pero afecta a ambos sexos, prevalece en mayores de 65 años y su curso es progresivo. La dopamina es esencial para el movimiento, por eso esta condición se destaca por producir alteraciones motoras: temblor, rigidez, lentitud en los movimientos voluntarios e inestabilidad en la postura. También produce rostro inexpresivo, inmóvil (cara de póquer) con disminución de la frecuencia del parpadeo, disminución del tono de voz, babeo y alteración de los movimientos rápidos. Las personas afectadas por la enfermedad de Parkinson presentan una postura encorvada, caminan arrastrando los pies, tienen dificultades para comenzar a caminar y detenerse, y tienen tendencia a caerse hacia atrás. También pueden padecer de depresión, ansiedad, alteraciones cognitivas, trastornos del sueño, sensación de inquietud interna y pérdida del olfato. El diagnóstico se basa en la historia clínica y la exploración física; los estudios de neuroimagen, el electroencefalograma y los análisis del líquido cefalorraquídeo son casi siempre normales para la edad.
Tratamiento tradicional
El modo de tratarlo es sintomático. El fármaco más usado es la levodopa. Al principio es muy útil, sin embargo su beneficio no se sostiene en el tiempo, haciendo necesarias dosis más altas y frecuentes. Los efectos secundarios incluyen náusea, vómito e hipotensión ortostática. En jóvenes, el tratamiento se puede iniciar con agonistas dopaminérgicos, como el pramipexol, para retrasar el inicio del uso de levodopa. Estos producen como efectos secundarios alteraciones en el control de los impulsos: juego patológico, hipersexualidad y compras y consumos compulsivos.
Acción terapéutica del cannabis
En condiciones fisiológicas, el sistema endocannabinoide interviene en el control motor y modula las neurotransmisiones, como la dopaminérgica, lo que explicaría los beneficios del uso de cannabis en el control de los síntomas de esta condición. Básicamente, en la mayoría de las afecciones neurológicas se altera la señalización endocannabinoide. Existen investigaciones científicas que dan cuenta de la disfunción del sistema endocannabinoide presente en esta afección. En diferentes modelos animales de Parkinson, se ha constatado una "disregulación bifásica" del receptor CB1: menor actividad de este receptor en etapas presintomáticas o tempranas y mayor actividad en etapas posteriores. Los estudios de neuroimágenes, como la tomografía por emisión de positrones y la resonancia magnética, también han demostrado que los niveles de CB1 están aumentados en personas que poseen diagnóstico de enfermedad de Parkinson, así como las neuroimágenes en ratas y personas afectadas por esta condición han revelado un incremento en la presencia de receptores CB2. No está claro si las alteraciones en los niveles de CB1 en la enfermedad de Parkinson son protectoras o desadaptativas. Pero la hipótesis sobre la acción del receptor CB2 parece estar más clara, ya que la activación del mismo redujo la depleción de dopamina en modelos animales de Parkinson y contrarrestó los eventos neurotóxicos y neuroinflamatorios.
En relación a los endocannabinoides, se realizaron mediciones directas de laboratorio en pacientes con enfermedad de Parkinson no tratados, examinando el líquido cefalorraquídeo, y se demostró una duplicación de los niveles del endocannabinoide anandamida sobre los controles sanos de la misma edad, independientemente del estadío de la enfermedad, que se interpretó como una acción compensatoria del sistema endocannabinoide a nivel cerebral, en un intento de aliviar la depleción de dopamina.
Posteriormente, otro estudio científico demostró que los déficits motores presentes en modelos de Parkinson en roedores se revirtieron combinando un agonista dopaminérgico con un inhibidor de la recaptación de endocannabinoides. Este hallazgo sugiere que la pérdida progresiva de dopamina en la enfermedad de Parkinson en las áreas cerebrales afectadas puede disminuir el tono endocannabinoide y que las elevaciones de anandamida en las personas con Parkinson pueden ser un intento de compensar esta pérdida. Esto indica que el uso de CBD sería efectivo gracias a su capacidad de optimizar las concentraciones de anandamida en estos casos, así como el THC podría contribuir a la acción del sistema endocannabinoide gracias a su similitud estructural con la anandamida, lo que le permite actuar en los mismos sitios de acción del receptor cannabinoide.
En estudios preclínicos en modelos animales de enfermedad de Parkinson, el THC, CBD y A9-tetrahidrocannabivarina (THCV) tuvieron efectos antiparkinsonianos. Los investigadores sugirieron que estos efectos se debían a las propiedades antioxidantes de estos fitocannabinoides y, en el caso del THCV, a la activación de CB2 y al antagonismo de CB1.
Sin embargo, científicamente aún no existe evidencia fuerte que avale el uso de derivados de la planta para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson; no obstante, sorprende el número de usuarios medicinales de cannabis que logran controlar síntomas con la utilización de aceites y vaporizaciones. Estos refieren menor rigidez, mayor control del temblor y mejoras en síntomas gastrointestinales. Así como también refieren mejoría en la calidad de sueño, en el estado de ánimo y en la voluntad, todo lo cual se traduce en mejor calidad de vida.
Interacciones
El cannabis modifica el metabolismo de varios fármacos por interacciones a nivel hepático. Por lo tanto, se recomienda separar la toma del aceite de la medicación por dos horas y contar con acompañamiento médico para revisar la dosis.
Cepas indicadas
THC:CBD:THCV. Variedades que contengan igual cantidad de THC y CBD. Y, de ser posible, que también estén enriquecidas en THCV.
Formato y posología
Aceite
vía sublingual
Esta opción es útil como tratamiento de base para esta afección dada la mayor duración de su efecto y la baja psicoactividad. Se suele iniciar con diluciones medias (1/50) y con dos gotas sublinguales al día, aumentando la frecuencia y cantidad en función de la necesidad de cada organismo en particular.
Macerado
vía sublingual
Muy útil para el tratamiento de mantenimiento ya que su preparación conserva más los terpenos. Dado el efecto séquito, permite sostener el efecto terapéutico con menor concentración de cannabinoides y así evitar sobredosificaciones que bajan la respuesta terapéutica. Se hacen dos o tres tomas al día de una a cinco gotas, que se deben titular en función de la tolerancia y el efecto hasta ubicar la dosis efectiva para cada caso.
Cogollo
vía vaporizada
Es la opción con más evidencia para mejorar los síntomas motores por su rápido inicio de acción. De mayor efecto psicoactivo, se inicia con dos bocanadas, se esperan cinco minutos y, en caso de que el efecto no sea suficiente, se puede dar otra bocanada hasta encontrar la dosis adecuada para cada caso. La temperatura de vaporización del THCV es de 220°C.
Crema
vía tópica
La aplicación tópica en casos de Parkinson puede colaborar para disminuir la rigidez, gracias a su acción local sobre el sistema endocannabinoide. Se prepara con las flores o incluso las hojas que rodean al cogollo macerándolas en un medio graso como por ejemplo aceite de oliva o de coco. Se recomienda utilizarla tres veces al día.
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Es aconsejable que los usuarios trabajen con un profesional de la salud que tenga experiencia en recomendar el Cannabis Medicinal para que los procedimientos de dosificación y administración puedan establecerse y ajustarse de forma individual.
CANNABIS MEDICINAL. La guía completa. Dra. Celeste Romero. Dr. Marcelo Morante.